El PRI, yesterday / Columna de opinión por Isaac López / politólogo

 

Claudia Tuiz Massieu, dirigente nacional del PRI.

 

Por Isaac López B/ politólogo

El Partido Revolucionario Institucional enfrenta este año un escenario crucial de cambio de dirigencia; el mismo rebasa la cotidianeidad de un relevo en su presidencia, sino más bien demanda de un(a) líder y generación que sepa leer la circunstancia en la cual se encuentra después de la derrota de 2018. El nacimiento del PRI se dio en un escenario autoritario y fue hasta finales del mismo siglo XX, que se dieron condiciones democráticas de competencia partidista (Woldenberg, 2018), donde se le complicó ganar, y cuando ganó y gobernó de nueva cuenta lo hizo mal, ahí están los resultados del sexenio de Enrique Peña Nieto.

El partido construido por las circunstancias.

El asesinato del presidente electo Álvaro Obregón, en julio de 1928,  provocó la crisis de gobernabilidad que desembocó en el nacimiento en 1929 del Partido Nacional Revolucionario (PNR). La astucia de Plutarco Elías Calles radicó en ordenar y frenar los apetitos de los caudillos y jefes revolucionarios, orientando la lucha por la presidencia a través del partido político en vez de las armas;  La académica Soledad Loaeza describe el nacimiento de la siguiente forma: “El PNR fue una salida de emergencia, tanto así que su nacimiento en marzo de 1929 pasó casi inadvertido; la nota del periódico Excélsior que informó al respecto no tiene más de 10 líneas y aparece en páginas interiores. Este acontecimiento en su momento fue visto como un hecho irrelevante. El PNR parecía ser un partido más” (Loaeza, 1995). EL PNR dio estabilidad y permitió ordenar la llegada de hombres a la presidencia con la supervisión de Calles.

El 30 de marzo de 1938, el PNR cambió de nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y se propuso la inclusión de masas en el escenario partidista. Se debe a Lázaro Cárdenas, la incorporación de los intereses de los sectores: campesino, popular, obrero y militar al seno del PRM. La estratégica incorporación de los sectores al partido tiene sus singularidades, superan el devenir histórico de justicia a las masas populares conforme a un plan; previamente, la historia registra la pugna por el control político del Estado entre Cárdenas y Calles. En 1934 Lázaro Cárdenas del Río ganó la presidencia con el apoyo de Calles, el control de cuadros burocráticos de Calles en la administración Cardenista duro poco y en 1936 fue invitado al exilio político. Cárdenas hace surgir una presidencia fuerte en México, en buena medida también por el alineamiento del poder militar a su figura (cualquier parecido con la presidencia de López Obrador es mera coincidencia).

De acuerdo con Luis Javier Garrido (como fue citado por Loaeza, 2013), sostiene: “[…] la elección de Lázaro Cárdenas en 1934, que había congregado el respaldo de sindicatos y ligas agrarias que se habían formado en oposición al PNR, el país sufría la inestabilidad que generaba la competencia entre dos poderes: el del presidente, respaldado por nuevas organizaciones populares, y el de Calles, sostenido por la burocracia partidista sobre la cual ejercía una influencia decisiva” Los sectores y sus intereses corporativos en el partido permitieron al presidente tenar una base de apoyo en lo electoral y cantera de cuadros al Congreso. Nace el poder presidencial en su más pura expresión.

El presidente  de Mèxico, Manuel Àvila Camacho en el periodo (1949 a 1946)

 

El PRI y la Unidad Nacional.  

Se debe a Manuel Ávila Camacho, presidente que sucedió a Cárdenas, el cambio de PRM a Partido Revolucionario Institucional (PRI), con el propósito de construir la “Unidad Nacional”. El diseño del antiguo PRM había mostrado poca utilidad en términos prácticos, pues la sucesión presidencial de 1940 no logró la disciplina para postular un solo candidato. Manuel Ávila Camacho ganó la presidencia, pero antes presentó la rebelión de varios militares y finalmente en las urnas se midió ante el Gral. Juan Isidro Andreu Almazán. (Loaeza, 2018).  El PRI, en 1946, borró el sector militar. Lección aprendida.

Ávila Camacho impulsó la creación de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), creada oficialmente en febrero de 1943, para contrarrestar a los dos poderosos sectores heredados del Cardenismo, el obrero y campesino. La CNOP, nucleó ciudadanos,  clase media de los “no revolucionarios” y el sector empresarial, de un México que daba pasos a la urbanización.

Pero, hay otro elemento clave para entender la estabilidad electoral a partir del PRI. Sin la reforma electoral de 1945, que sustituía a la legislación de 1918, el PRI no hubiese sido en lo que se convirtió, un partido nacional y hegemónico, nacido de la decisión estatal. La reforma quitaba el control a las autoridades municipales de organizar las elecciones y administración de los comicios electorales. La legislación de 1918 permitía que caudillos o grupos políticos en el poder crearan partidos políticos locales en cualquier entidad federativa, usando toda imaginación posible o las armas, ganaban las elecciones para mantenerse en el poder regional y sumarle votos a las candidaturas presidenciales que apoyaran, haciendo dependiente al centro de sus servicios. La reforma cambiaba esa lógica.

La reforma centralizó en el gobierno federal la organización del proceso electoral, Loaeza señala al respecto: “Los redactores de la iniciativa negaban que pretendieran centralizar los procesos, la autoridad y el poder, pero eso fue precisamente lo que hicieron al crear una estructura piramidal, encabezada por una Comisión Federal de Vigilancia Electoral, CFVE, integrada por representantes del poder legislativo, de dos partidos y del gobierno en la persona del secretario de Gobernación;[…] se creaba un Consejo del Padrón Electoral, integrado por el director general de Estadística, por el director general de Población y por el director general de Correos, cuya responsabilidad era el registro de los votantes […]la iniciativa imponía a los partidos la obligación de afiliarse a organizaciones nacionales para participar en comicios federales, una disposición que los condenaba a la extinción” (Loaeza, 2013). Una legislación que claramente abonaba a favor de construir un partido de envergadura nacional, centralizado y financieramente bien avituallado desde el gobierno.

En un régimen autoritario el conflicto social siempre está presente, pero el PRI se las ingenio en lo político para construir, de acuerdo con Giovanni Sartori (como fue citado por Woldenberg, 2018) “un sistema de partido hegemónico pragmático”; para llegar a tener órganos imparciales que organizaran elecciones, la ruta tomó de 1977 a 1996, seis sucesivas reformas político – electorales (Woldenberg, 2018). La reforma de 1996 y la ciudadanización del Instituto Federal Electoral (IFE) es un elemento central para entender como en 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados Federal y la de Senadores en 2000, junto con la Presidencia de la Republica.

 

 

La manzana envenenada de tener una llave de dinero.

La reforma de 1996, impulsada por el Presidente Ernesto Zedillo, se constituyó en una manzana envenenada. Planteó la imparcialidad del árbitro y a su partido le dio cantidades inimaginables de dinero. El dinero no fue suficiente, el PRI vio como en tres años pasaban del control a la negociación y en el 2000 perdieron la presidencia. Sobre la fórmula de asignación de recursos a los partidos, Luis Carlos Ugalde, que fue consejero presidente del IFE de 2003 a 2007, señala la siguiente anécdota, citó: “Alguien que participó en las negociaciones de aquella reforma de 1996 me dijo: “el presidente Zedillo [1994 – 2000] quería dos cosas: abatir la enorme disparidad en las condiciones de competencias entre partidos e independizar al PRI del financiamiento ilegal que había recibido del gobierno por décadas. El presidente preguntó cuánto dinero necesitaba el PRI para independizarse y eliminar las transferencias por debajo de la mesa”. El PRI habría hecho los cálculos y dado al presidente una cifra que guio las negociaciones de la reforma electoral, refiere la fuente consultada. Entonces se pidió “inventar” una fórmula que arrojara esa cifra.” (Ugalde, 2018).

El ex presidente Carlos Salinas de Gortari, quièn gobernó de 1988 a 1994 y Ernesto Zedillo, quièn entonces fungía como Secretario de Educación, cargo al que renunciò en 1993 para ser el candidato a la Presidencia de México por el PRI.

 

El exceso de dinero no ha sido bueno para el sistema electoral en México. El regreso del PRI a la presidencia en 2012, dejó en el mismo segundo plano al partido; un partido que es el medio para acceder al poder, pero sin voz en el escenario nacional, en términos de plataforma política que se traduzca en políticas públicas y se reflejen en el presupuesto aprobado por la Cámara de Diputados Federal, por los líderes priistas. La tecnocracia y una política económica de mercado neoliberal, con una regulación normativa a la medida de unos cuantos, de las élites empresariales y políticas, marcó el divorcio con las bases sociales de apoyo del priismo que Morena conquisto en la última elección de 2018.

Leer el entorno fue el mejor mecanismo que el PRI uso para administrar el cambio. Calles identificó que debía institucionalizarse el acceso al poder por la vía partidista; Cárdenas incorporó a los sectores sociales y orientó la energía a hacerlo desde la política  para defender sus derechos; Ávila Camacho creó contrapesos al interior de los sectores incorporando nuevos actores y frenó al sector militar de pretender hacerse del poder político. Las malas decisiones en el gasto del boom petrolero y la deuda externa contraída en la década de los  70 y 80, forzaron el viraje en el modelo de desarrollo económico, pero sin suficientes amortiguadores de compensación social para las bases priistas, constituyéndose en una acto de traición a la militancia campesina y popular del partido; en la visión de avanzar al primer mundo, la militancia de los sectores estructurales poco productivos y con rezago educativo constituían peso muerto para cuadrar las gráficas de indicadores Macroeconómico, es ahí donde inicia para el PRI un proceso que impide superar su circunstancia. La dirigencia priista renunció o no pudo; otros más desde la Corriente Democrática intentaron y fueron expulsados y crearon el PRD. El siglo XXI y la elección de 2018, le mostró al PRI que el dinero no es suficiente y que las bases sociales siguen ahí, el discurso de “justicia social” para todos ya no está en el PRI, sino en MORENA y con un presupuesto para 2019, de $ 1,628 mdp. (Animal Político, 2018) ¿Qué podrá hacer el PRI?

 

Notas:

Loaeza, Soledad. (2013)”La reforma política de Manuel Ávila Camacho” En Historia Mexicana – El Colegio de México. Vol.63. Recuperado de: https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/article/view/160

Woldenberg, José. (2018). Fragmentación, Pluralidad para la Pluralidad”. En Aguilar Camín, Héctor. et.al. “¿Y ahora qué?  México ante el 2018.  México.  Nexos – Debate- CEED.

Ugalde, Luis Carlos. (2018). “Votos comprados. La corrupción electoral” En Aguilar Camín, Héctor. et.al. “¿Y ahora qué?  México ante el 2018.  México.  Nexos – Debate- CEED.

Redacción (17 de diciembre de 2018). “Morena tendrá 1,628 mdp el próximo año, el 32% de lo asignado por el INE a los partidos” Animal Político. Recuperado de: https://www.animalpolitico.com/2018/12/morena-presupuesto-partidos-2019/

 

 

Nota.- El autor agradece las sugerencias de Víctor Hugo Aguilar Gaxiola.

 

Sugerencias:

Correo: Isaaclobi@gmail.com

 

Twitter: @isaaclobi401

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